- IDENTIFICACIÓN
DE CRITERIOS
El autor Jaime Osorio Urbina se graduó en Sociología por la
Universidad de Chile, realizó estudios de Filosofía en la Universidad Católica
de Chile y es doctor en Ciencias Sociales por el Colegio de México. Actualmente
es profesor e investigador en el Departamento de Relaciones Sociales de la
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. También imparte docencia
en el Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM.
El trabajo en general del Doctor Osorio es un pensamiento crítico
latinoamericano, siendo uno de los principales exponentes actuales de la Teoría
de Dependencia. La Teoría de Dependencia es una respuesta teórica a la crisis
de estancamiento socio-económico en América Latina en el siglo XX, en
consecuencia de la teoría de desarrollo. El artículo que a continuación se analizará involucra Disciplinas Sociales, y más que nada la Economía, pues hace una crítica al poco avance socio-económico logrado en Latinoamérica respecto a China y Corea del Sur.
Osorio cita a Andre Gunder Frank “el actual subdesarrollo de
América Latina es el resultado de su participación secular en el proceso del
desarrollo capitalista mundial (...)”.
Hace dos formulaciones centrales acerca de la teoría del desarrollo:
La primera indica que el desarrollo y el subdesarrollo se pueden estudiar
y explicar cada uno en sí mismos, de manera aislada, y que las relaciones que
mantienen las economías en una y otra no tienen consecuencias en su
situación. La segunda por el contrario, indica que sólo el sistema
mundial capitalista, da como resultado, que de ellas se puede explicar el que
algunas economías y regiones se desarrollan y que otras economías y regiones
se subdesarrollan. No constituyen, por tanto, procesos independientes. No se
explican unas y otras fuera de las mutuas relaciones. La tesis anterior indica
a los países subdesarrollados son resultado de una débil expansión del
capitalismo, también indica que para que emerja desarrollo en algún espacio
geoeconómico en el sistema mundial, se genera subdesarrollo en otros espacios,
por procesos diversos, como pérdidas de valor de unas regiones en beneficios
de otras, con la colusión de las clases dominantes de las regiones
subdesarrolladas. Partiendo de esto es posible sostener que una economía
desarrollada puede girar hacia el subdesarrollo, y viceversa. La pregunta
central sería en qué economías y regiones del sistema mundial se está
extendiendo o profundizando el subdesarrollo.
El desarrollo de Corea del Sur, fue gracias a que Estados Unidos
destinó sumas considerables para apuntalar y fortalecer la economía, de
1953 a 1960, la ayuda económica de Estados Unidos representó un tercio del
presupuesto del país, podría afirmarse que los enormes recursos
aportados a Corea del Sur en aquellos años no salieron de los bolsillos del
capital estadounidense, ni tampoco de nuevas o mayores tasas impositivas sobre
su población trabajadora, sino de valores apropiados por la economía
estadounidense a diversas economías y regiones, y que terminaron en Seúl.
Por otra parte tenemos el caso de China el que suscita
interrogantes en torno al periodo desde el que se le puede o se le podrá
considerar una economía desarrollada, y más aún, si constituye el verdadero
rival de Estados Unidos en el sistema mundial, o quedará como una simple
amenaza. China es hoy una economía que obtiene beneficios extraordinarios
por múltiples procedimientos: la particular combinación de elevados avances
científicos y tecnológicos, que permiten incrementos en la productividad, con
salarios, jornadas e intensidad en condiciones de superexplotación, lo que
permite la producción y exportación de una masa enorme de bienes de todo tipo
y complejidad, en condiciones de barrer o debilitar cualquier competencia. A
ello se agrega una política cambiaria que se constituye también en subsidio a
las exportaciones, con lo cual China ha logrado convertirse en la más poderosa
economía exportadora. Muchos de esos capitales, sea del mundo desarrollado,
sea del subdesarrollado, se suman a la enorme masa de capitales provenientes de
muy diversas regiones y economías que luchan por invertir y ganar posiciones
en las extensas y diversas plantas industriales existentes en China, con el fin
de producir una enorme gama de bienes para ser vendidos en mercados de variado
poder de consumo en todo el planeta, sustentados en la conjugación de bajos
salarios y elevada productividad. Esa IED (Inversión Extranjera Directa)
permite multiplicar sus procesos de acumulación, elevar la calificación de su
mano de obra, lograr transferencia de conocimientos, y favorecerse de
impuestos. A ello se agrega la repatriación de ganancias de sus inversiones
foráneas.
Es importante resaltar el papel del Estado en la tarea de definir
un proyecto de desarrollo, jerarquizando tareas y tiempos para el destino de
recursos hacia sectores y ramas determinadas, manteniendo el monopolio de esos
recursos, alineando a las distintas clases dominantes y fracciones a ese proyecto
(que expresa, a lo menos, los intereses de la fracción burguesa industrial),
disciplinando a las clases trabajadoras y sometiéndolas a agudos procesos de
explotación y sobreexplotación. En Corea del Sur, la profunda reforma
agraria, la Guerra de Tres Años en contra de Corea del Norte, todo ello creo
condiciones para que el Estado coreano, bajo una mano férrea, que asumió
incluso la forma de dictadura militar, se pudiera erigir en el centro de la
reorganización capitalista. La experiencia revolucionaria de China y la
constitución de una poderosa burocracia estatal desde la cual se inicia, no
sin conflictos, la mutación hacia el capitalismo, le otorgan al Estado un
elevado poder y autonomía frente a una emergente burguesía que desarrolla
cobijada en éste. Importa destacar que en ninguno de estos dos casos
estamos hablando de un giro hacia el desarrollo como un simple resultado de la
dinámica de la acumulación de capital. Lo que se presenta, por el contrario,
en un caso, es una profunda reforma agraria y una guerra que desmantelan las
bases de sustentación de las antiguas clases dominantes locales,
debilitándolas, al tiempo que la principal potencia ofrece cuantiosos recursos
y protege política y militarmente el proceso de recuperación y posterior
desarrollo capitalista de Corea del Sur; también tenemos tenemos la
conformación de Estados autoritarios fuertes y con amplia autonomía para
disciplinar a la sociedad en su conjunto, para definir planes y proyectos de
desarrollo económico a los cuales deben adscribirse los agrupamientos
dominantes y los dominados y en sostener sobre estos últimos prolongados y
agudos procesos de superexplotación. En otras palabras, el tránsito al
desarrollo capitalista de economías subdesarrolladas en la segunda mitad del
siglo XX y a inicios del siglo XXI sólo ha sido posible en economías que han
caminado un largo trecho a contrapelo de las simples tendencias de la mano
invisible del mercado, en un cuadro de condiciones excepcionales difíciles de
repetir. Por esta razón, no es difícil señalar que China y Corea del Sur no
pueden ser un modelo a seguir por las economías latinoamericanas, como algunas
voces han atribuido a teóricos de la dependencia.
El papel del confucianismo y su relación con el desarrollo de
Corea del Sur y China es objeto de visiones encontradas. Para algunos autores
constituye un pensamiento que entrababa la modernización económica, por el
peso que otorga a las relaciones intrafamiliares y a la cultura, desvalorizando
por otro lado las actividades comerciales, por lo que sólo en la medida que
fue siendo abandonado permitió que el desarrollo alcanzara forma en los dos
casos aquí considerados.
El poderío alcanzado por Estados autoritarios, en materia de
definición, dirección y puesta en marcha de los planes de desarrollo en el
corto y mediano plazo en los casos considerados, así como los agudos procesos
de acumulación primitiva y de acumulación sustentados en la superexplotación
de los trabajadores que los hicieron posibles, permite poner en sus justas
dimensiones los tímidos llamados de neodesarrollistas y neoestructuralistas en
aras de otorgar mayores responsabilidades al Estado en el curso de los procesos
económicos de la región, así como de mejoras salariales y de empleo; es una
afirmación que contradice la historia más reciente señalar que “los mercados
son el ámbito principal” del “desarrollo económico” (tanto Corea del Sur como
China desmienten lo anterior), sin embargo, prosiguen los neodesarrollistas,
“el Estado tiene un papel estratégico” para “la provisión del marco
institucional apropiado para sostener este proceso estructural”.
Los neodesarrollistas señalan una serie de tareas que debe
cumplir el Estado para resolver el problema del subdesarrollo: 1) promover “la
estructura (...) y las instituciones financieras” para que sean “capaces de
canalizar recursos domésticos al desarrollo de la innovación”; 2) “el
desarrollo (...) debería ser financiado esencialmente con ahorro interno”,
para lo que se requiere “instituciones financieras públicas que aseguren la
plena utilización de los recursos domésticos”; 3) “garantía estatal de
proveer empleo (a lo menos con) un salario vital (...), para neutralizar (la)
tendencia al mal pago del trabajo”; y 4) “perseguir el pleno empleo”, entre
otras.
Las clases dominantes latinoamericanas, la voluntad de levantar
proyectos con algún grado de autonomía –si es que alguna vez existió– se fue
a su vez esfumando mientras dichas clases estrechaban de manera creciente sus lazos
con el capital estadounidense y extranjero en general, reviviendo de manera
regular una reproducción de capital sustentada en la superexplotación, la
marginación del grueso de la población trabajadora del consumo, y con ello
aminorar y casi extirpar la tendencia del capital a alentar la generación
local del conocimiento y tecnología (adquiridos de manera predominante en el
exterior). Por esta razón, la voluntad de romper con el atraso y el
subdesarrollo ha quedado en manos y en proyectos de otras clases en la
región. Las burguesías latinoamericana y transnacional favorecidas de
esas elevadas ganancias las destinaron a reproducir el subdesarrollo. En las
grandes economías regionales, como México, Brasil y Argentina predominó
la subordinación del Estado a la dinámica de la reproducción
dependiente y a los intereses de sus clases dominantes y del capital extranjero
inserto en la región.
En la actualidad, las economías latinoamericanas, de la mano del
capital local y global, han reconfigurado las estructuras de inserción en los
mercados internacionales teniendo como base la producción de bienes primarios
y alimentos, con poco procesamiento, alejándose de los objetivos de
desarrollar conocimientos y tecnologías.
De esta forma la economía latinoamericana ha quedado más
descentrada que en los periodos previos, sin un proyecto industrial, sino tan
sólo con algunas industrias, o a lo sumo con pequeños segmentos,
principalmente de ensamble y maquila, y poco de producción, en donde las
decisiones de qué y cómo producir se encuentran en las casas matrices de
empresas globales provenientes del mundo desarrollado.
Esta noción puso de manifiesto que las economías
latinoamericanas podían crecer y expandir su desarrollo, pero en tanto lo
hacen en la lógica que rige al capitalismo dependiente, dicho desarrollo
agudizaría los problemas del subdesarrollo. Incremento del subdesarrollo
o de la dependencia significa la agudización de las particularidades de la reproducción
del capital propias del capitalismo dependiente, las extensiones de
tierras cultivadas, la masa de bienes producidos y exportados y la masa de
inversiones en el exterior, pero de manera que sólo unos pocos sectores
sociales y clases disfrutan del trabajo social allí contenido.
Si bien en América Latina se ha dado la confluencia de regímenes
autoritarios y una aguda superexplotación, esto ha alimentado a los procesos
de reproducción que sustentan la subordinación de la economía regional a las
necesidades y exigencia del gran capital local y extranjero. Esta es una de las
razones que explica la ausencia de un proyecto de desarrollo nacional, y de una
férrea planificación orientada al desarrollo, que someta incluso a las
propias clases dominantes a tales objetivos.También permite entender que los
Estados de la región no exijan a los inversores extranjeros transferencias de
conocimientos y capacitación de mano de obra.
Es importante hacer dos formulaciones centrales acerca de la
teoría del desarrollo: La primera indica que el desarrollo y el
subdesarrollo se pueden estudiar y explicar cada uno en sí mismos, de manera
aislada, y que las relaciones que mantienen las economías en una y otra no
tienen consecuencias en su situación. La segunda por el contrario, indica
que sólo el sistema mundial capitalista, da como resultado, que de ellas se
puede explicar el que algunas economías y regiones se desarrollan y que otras
economías y regiones se subdesarrollan. No constituyen, por tanto, procesos
independientes. La tesis anterior indica que los países subdesarrollados
son resultado de una débil expansión del capitalismo, también indica
que para que emerja desarrollo en algún espacio geoeconómico en el
sistema mundial, se genera subdesarrollo en otros espacios, por procesos
diversos, como pérdidas de valor de unas regiones en beneficios de otras, con
la colusión de las clases dominantes de las regiones subdesarrolladas.
El desarrollo de Corea del Sur, fue gracias a que Estados Unidos
destinó sumas considerables para apuntalar y fortalecer la economía, de
1953 a 1960, la ayuda económica de Estados Unidos representó un tercio del
presupuesto del país, valores apropiados por la economía estadounidense
a diversas economías y regiones, y que terminaron en Seúl.
El caso de China y la particular combinación de elevados
avances científicos y tecnológicos, que permiten incrementos en la
productividad, con salarios, jornadas e intensidad en condiciones de
superexplotación, lo que permite la producción y exportación de una masa
enorme de bienes de todo tipo y complejidad, en condiciones de barrer o
debilitar cualquier competencia. A ello se agrega una política cambiaria que
se constituye también en subsidio a las exportaciones, con lo cual China ha
logrado convertirse en la más poderosa economía exportadora. La IED
(Inversión Extranjera Directa) permite multiplicar sus procesos de
acumulación, elevar la calificación de su mano de obra, lograr transferencia
de conocimientos, y favorecerse de impuestos. A ello se agrega la repatriación
de ganancias de sus inversiones foráneas.
Es imprescindible resaltar el papel del Estado en la tarea de
definir un proyecto de desarrollo, jerarquizando tareas y tiempos para el
destino de recursos hacia sectores y ramas determinadas, manteniendo el
monopolio de esos recursos, alineando a las distintas clases dominantes y
fracciones a ese proyecto (que expresa, a lo menos, los intereses de la
fracción burguesa industrial), disciplinando a las clases trabajadoras y
sometiéndolas a agudos procesos de explotación y sobreexplotación. Los
procesos históricos de Corea del Sur y China, en estos dos casos estamos
hablando de una profunda reforma agraria y una guerra que desmantelan las bases
de sustentación de las antiguas clases dominantes locales, debilitándolas, al
tiempo que la principal potencia ofrece cuantiosos recursos y protege política
y militarmente el proceso de recuperación y posterior desarrollo capitalista
de Corea del Sur; también tenemos tenemos la conformación de Estados
autoritarios fuertes y con amplia autonomía para disciplinar a la sociedad en
su conjunto, para definir planes y proyectos de desarrollo económico a los
cuales deben adscribirse los agrupamientos dominantes y los dominados y en
sostener sobre estos últimos prolongados y agudos procesos de
superexplotación.
El papel del confucianismo y su relación con el desarrollo de
Corea del Sur y China es objeto de visiones encontradas. Para algunos autores
constituye un pensamiento que entrababa la modernización económica, por el
peso que otorga a las relaciones intrafamiliares y a la cultura.
El poderío alcanzado por Estados autoritarios, en materia de definición,
dirección y puesta en marcha de los planes de desarrollo en el corto y mediano
plazo en los casos considerados, así como los agudos procesos de acumulación
primitiva y de acumulación sustentados en la superexplotación de los
trabajadores que los hicieron posibles, permite poner en sus justas dimensiones
los tímidos llamados de neodesarrollistas y neoestructuralistas en aras de
otorgar mayores responsabilidades al Estado en el curso de los procesos
económicos de la región, así como de mejoras salariales y de empleo; es una
afirmación que contradice la historia más reciente señalar que “los mercados
son el ámbito principal” del “desarrollo económico” (tanto Corea del Sur como
China desmienten lo anterior), sin embargo, prosiguen los neodesarrollistas,
“el Estado tiene un papel estratégico” para “la provisión del marco
institucional apropiado para sostener este proceso estructural”.
Los neodesarrollistas señalan una serie de tareas que debe
cumplir el Estado para resolver el problema del subdesarrollo: 1) promover “la
estructura (...) y las instituciones financieras” para que sean “capaces de
canalizar recursos domésticos al desarrollo de la innovación”; 2) “el
desarrollo (...) debería ser financiado esencialmente con ahorro interno”,
para lo que se requiere “instituciones financieras públicas que aseguren la
plena utilización de los recursos domésticos”; 3) “garantía estatal de
proveer empleo (a lo menos con) un salario vital (...), para neutralizar (la)
tendencia al mal pago del trabajo”; y 4) “perseguir el pleno empleo”, entre
otras.
Las clases dominantes latinoamericanas, estrechaban de manera
creciente sus lazos con el capital estadounidense y extranjero en general,
reviviendo la superexplotación, la marginación del grueso de la población
trabajadora del consumo, y con ello aminorar y casi extirpar la tendencia del
capital a alentar la generación local del conocimiento y tecnología
(adquiridos de manera predominante en el exterior). En las grandes economías
regionales, como México, Brasil y Argentina predominó la subordinación
del Estado a la dinámica de la reproducción dependiente y a los intereses de
sus clases dominantes y del capital extranjero inserto en la región.
En la actualidad, las economías latinoamericanas, de la mano del
capital local y global, han reconfigurado las estructuras de inserción en los
mercados internacionales teniendo como base la producción de bienes primarios
y alimentos, con poco procesamiento, alejándose de los objetivos de desarrollar
conocimientos y tecnologías.
De esta forma la economía latinoamericana ha quedado más
descentrada, sin un proyecto industrial, sino tan sólo con algunas industrias,
y poco de producción, en donde las decisiones de qué y cómo producir se
encuentran en las casas matrices de empresas globales provenientes del mundo
desarrollado.
Incremento del subdesarrollo o de la dependencia significa la
agudización de las particularidades de la reproducción del capital propias
del capitalismo dependiente, las extensiones de tierras cultivadas, la
masa de bienes producidos y exportados y la masa de inversiones en el exterior,
pero de manera que sólo unos pocos sectores sociales y clases disfrutan del
trabajo social allí contenido.
Si bien en América Latina se ha dado la confluencia de regímenes
autoritarios y una aguda superexplotación, esto ha alimentado a los procesos
de reproducción que sustentan la subordinación de la economía regional a las
necesidades y exigencia del gran capital local y extranjero. Esta es una de las
razones que explica la ausencia de un proyecto de desarrollo nacional, y de una
férrea planificación orientada al desarrollo, que someta incluso a las
propias clases dominantes a tales objetivos.También permite entender que los Estados
de la región no exijan a los inversores extranjeros transferencias de
conocimientos y capacitación de mano de obra.
Es importante hacer dos formulaciones centrales acerca de la
teoría del desarrollo: La primera indica que el desarrollo y el
subdesarrollo se pueden estudiar y explicar cada uno en sí mismos, de manera
aislada. La segunda por el contrario, indica que sólo el sistema mundial
capitalista, da como resultado, que para que emerja desarrollo en
algún espacio geoeconómico en el sistema mundial, se genera subdesarrollo en
otros espacios, por procesos diversos, como pérdidas de valor de unas regiones
en beneficios de otras, con la colusión de las clases dominantes de las
regiones subdesarrolladas.
El desarrollo de Corea del Sur, fue gracias a que Estados Unidos
destinó sumas considerables para apuntalar y fortalecer la economía, de
1953 a 1960, la ayuda económica de Estados Unidos representó un tercio del
presupuesto del país; el caso de China y la particular combinación de
elevados avances científicos y tecnológicos, permiten incrementos en la
productividad, con salarios, jornadas e intensidad en condiciones de superexplotación,
lo que permite la producción y exportación de una masa enorme de bienes de
todo tipo y complejidad. A ello se agrega una política cambiaria que se
constituye también en subsidio a las exportaciones, con lo cual China ha
logrado convertirse en la más poderosa economía exportadora. La IED
(Inversión Extranjera Directa) permite multiplicar sus procesos de
acumulación, elevar la calificación de su mano de obra, lograr transferencia
de conocimientos, y favorecerse de impuestos. Y se agrega la repatriación de
ganancias de sus inversiones foráneas.
Es imprescindible resaltar el papel del Estado en la tarea de
definir un proyecto de desarrollo, jerarquizando tareas y tiempos para el
destino de recursos hacia sectores y ramas determinadas, manteniendo el
monopolio de esos recursos, alineando a las distintas clases dominantes y
fracciones a ese proyecto (que expresa, a lo menos, los intereses de la
fracción burguesa industrial), disciplinando a las clases trabajadoras y
sometiéndolas a agudos procesos de explotación y sobreexplotación. Los
procesos históricos de Corea del Sur y China, hablan de una profunda
reforma agraria y una guerra que desmantelan las bases de sustentación de las
antiguas clases dominantes locales, debilitándolas, al tiempo que la principal
potencia ofrece cuantiosos recursos y protege política y militarmente el
proceso de recuperación y posterior desarrollo capitalista de Corea del Sur;
también tenemos tenemos la conformación de Estados autoritarios fuertes y con
amplia autonomía para disciplinar a la sociedad en su conjunto, para definir
planes y proyectos de desarrollo económico a los cuales deben adscribirse los
agrupamientos dominantes y los dominados y en sostener sobre estos últimos
prolongados y agudos procesos de superexplotación; el papel del confucianismo
y su relación con el desarrollo de Corea del Sur y China es objeto de visiones
encontradas; por el peso que otorga a las relaciones intrafamiliares y a la
cultura.
El poderío alcanzado por Estados autoritarios, en materia de
definición, dirección y puesta en marcha de los planes de desarrollo en el
corto y mediano plazo en los casos considerados, así como los agudos procesos
de acumulación primitiva y de acumulación sustentados en la superexplotación
de los trabajadores que los hicieron posibles, permite poner en sus justas
dimensiones los tímidos llamados de neodesarrollistas y neoestructuralistas
que otorgan mayores responsabilidades al Estado en el curso de los procesos
económicos de la región, así como de mejoras salariales y de empleo; es una
afirmación que contradice la historia más reciente señalar que “los mercados
son el ámbito principal” del “desarrollo económico” (tanto Corea del Sur como
China desmienten lo anterior), sin embargo, prosiguen los neodesarrollistas,
“el Estado tiene un papel estratégico” para “la provisión del marco
institucional apropiado para sostener este proceso estructural”.
Las clases dominantes latinoamericanas, estrechaban de manera
creciente sus lazos con el capital estadounidense y extranjero en general,
reviviendo la superexplotación, la marginación de la población trabajadora
del consumo, y con ello casi extirpan la tendencia del capital a alentar la
generación local del conocimiento y tecnología (adquiridos de manera
predominante en el exterior). En grandes economías regionales, como México,
Brasil y Argentina predominó la subordinación del Estado a la dinámica
de la reproducción dependiente y a los intereses de sus clases dominantes y
del capital extranjero inserto en la región. En la actualidad, las
economías latinoamericanas, de la mano del capital local y global, han
reconfigurado las estructuras de inserción en los mercados internacionales
teniendo como base la producción de bienes primarios y alimentos, con poco
procesamiento, alejándose de los objetivos de desarrollar conocimientos y
tecnologías. De esta forma la economía latinoamericana ha quedado más
descentrada, sin un proyecto industrial, sino tan sólo con algunas industrias,
y poco de producción, en donde las decisiones de qué y cómo producir se
encuentran en las casas matrices de empresas globales provenientes del mundo
desarrollado, en consecuencia que sólo unos pocos sectores sociales y
clases disfrutan del trabajo social allí contenido.
Si bien en América Latina se ha dado la confluencia de regímenes
autoritarios y una aguda superexplotación, esto ha alimentado a los procesos
de reproducción que sustentan la subordinación de la economía regional a las
necesidades y exigencia del gran capital local y extranjero. Esta es una de las
razones que explica la ausencia de un proyecto de desarrollo nacional, y de una
férrea planificación orientada al desarrollo, que someta incluso a las
propias clases dominantes a tales objetivos.También permite entender que los
Estados de la región no exijan a los inversores extranjeros transferencias de
conocimientos y capacitación de mano de obra.
Osorio, J. (2015). América
Latina frente al espejo del Desarrollo Económico de Corea del Sur y
China. Revista Problemas del Desarrollo, 182(46), 143 - 163.
~Villalobos Cruz Karla~